Columna de opinión en el VIVIR JAÉN en febrero de 2026
El riesgo cotidiano de los baches
Hay momentos en los que una carretera deja de ser una infraestructura para convertirse en un termómetro que mide el compromiso institucional, la planificación y el respeto hacia quienes la utilizan cada día. En Jaén, ese termómetro marca preocupación por personas viajeras, personas trabajadoras y personas que utilizan la autovía para emergencias. Ya lo estamos viviendo también con el ferrocarril, pero toca centrarnos en lo automovilístico.
La Autovía A-4, uno de los principales ejes que conectan Andalucía con el centro de España, atraviesa la provincia jiennense con tramos que hoy generan más inquietud que confianza. Tras los últimos episodios de lluvia, se registraron centenares de incidencias por reventones de neumáticos en apenas un fin de semana, especialmente en zonas como Santa Elena, La Carolina, Bailén, Marmolejo, Villanueva de la Reina y el entorno de Andújar. Muchos de esos socavones estaban cubiertos por agua, con más de 10cm y sin señalización visible, lo que convirtió la circulación en un ejercicio de incertidumbre constante o en una prueba mortal del “Juego del Calamar”.
Quien conduce por esos kilómetros, como quien escribe, no piensa en competencias administrativas, piensa en llegar a casa con seguridad. Sin embargo, la sensación generalizada es que el mantenimiento ha sido insuficiente y que las actuaciones llegan tarde. La reparación puntual no puede sustituir a una política de conservación preventiva y continuada. Una autovía europea de la importancia estratégica de la A-4 debería ofrecer garantías técnicas acordes a su volumen de tráfico y a su función económica con los caminoneros/as dejándose la piel y la vida.
La situación no se limita a la red estatal. Las carreteras provinciales que vertebran comarcas enteras han sufrido cortes, desprendimientos y hundimientos del firme en las últimas semanas. Más de una treintena de vías de la red dependiente de la Diputación han registrado incidencias tras los temporales. Esto significa que hay municipios que han visto alterada su conexión habitual, personas que han tenido que modificar rutas y empresas que han asumido sobrecostes logísticos. Cada uno de estos puntos refleja una misma realidad estructural. El firme se resiente cuando el mantenimiento no es constante y la climatología actúa como detonante de un problema previo.
La situación no se limita a la red estatal. Las carreteras provinciales que vertebran comarcas enteras han sufrido cortes, desprendimientos y hundimientos del firme en las últimas semanas. Más de una treintena de vías de la red dependiente de la Diputación han registrado incidencias tras los temporales. Esto significa que hay municipios que han visto alterada su conexión habitual, personas que han tenido que modificar rutas y empresas que han asumido sobrecostes logísticos. Cada uno de estos puntos refleja una misma realidad estructural. El firme se resiente cuando el mantenimiento no es constante y la climatología actúa como detonante de un problema previo.
Y si descendemos al plano municipal, la fotografía se repite. Calles con baches profundos, asfaltos parcheados que vuelven a levantarse tras la siguiente lluvia, accesos a polígonos y barriadas que requieren una intervención integral. En ciudades como Andújar, Jaén, Linares o Úbeda, y en tantos pueblos de la provincia, la ciudadanía percibe que el arreglo urgente no siempre va acompañado de una planificación a medio plazo.
Conducir no debería convertirse en una prueba de reflejos para esquivar agujeros ni en una gincana del Grand Prix. Circular por una carretera pública no debería implicar asumir el coste potencial de una avería evitable. La infraestructura viaria forma parte del contrato social entre administración y ciudadanía.
La meteorología no puede ser la excusa permanente. Las lluvias intensas ponen a prueba el estado del firme, pero también evidencian si existe o no una estrategia de conservación adecuada. Cuando los baches proliferan tras cada temporal, el problema no es solo el agua, es la falta de inversión estructural y de seguimiento técnico continuado.
Jaén merece una red viaria que esté a la altura de su potencial económico, turístico y social. Necesita autovías seguras, carreteras provinciales transitables y calles urbanas dignas. Requiere que las distintas administraciones, desde el ámbito estatal hasta el municipal, asuman con responsabilidad y coordinación la conservación de lo que es de todas las personas.
Porque la calidad de nuestras carreteras es un indicador de cómo se gestionan los recursos públicos y de cuánto se valora la seguridad colectiva. Y en ese indicador, ahora mismo, tenemos margen claro de mejora.






