Vivencias Montessori compartidas con los abuelos en casa
Aprender a educar juntas y juntos
Educar nunca ha sido una tarea individual. La crianza, aunque a veces se viva en soledad, es siempre un acto colectivo que se construye en diálogo, en acuerdos y, también, en renuncias. Cuando decidimos aplicar el enfoque Montessori en casa, lo hicimos desde la convicción de que respetar la autonomía, los ritmos y la dignidad de nuestra hija era el mejor regalo que podíamos ofrecerle. Sin embargo, el verdadero reto no fue comprender la filosofía, sino integrarla en una realidad cotidiana compartida con quienes más la aman: sus abuelos y abuelas.
La incorporación de los abuelos al cuidado diario supuso un punto de inflexión. No porque faltara amor (al contrario), sino porque convivían formas distintas de entender la infancia. Por un lado, una mirada más tradicional, basada en la protección constante y la intervención inmediata; por otro, una propuesta educativa que invita a observar, acompañar y confiar. Lejos de ser un choque, esta experiencia se convirtió en una oportunidad de aprendizaje mutuo.
Uno de los momentos que más debate generó fue el de las caídas. Ante cualquier tropiezo, incluso leve, el impulso adulto era automático: correr, levantar, alarmarse. Ese reflejo protector, tan humano como comprensible, transmitía sin querer un mensaje claro: “no puedes sola”.
Desde el enfoque Montessori aprendimos a detenernos. A observar antes de actuar. A distinguir entre peligro real y dificultad asumible. Cuando la caída no implicaba daño, optamos por acercarnos con calma, ponernos a su altura y verbalizar lo ocurrido sin dramatizar: reconocer la caída, validar la emoción y ofrecer confianza.
El resultado fue revelador. Nuestra hija empezó a levantarse por sí misma, a evaluar su propio cuerpo y a continuar el juego con naturalidad. No solo desarrolló habilidades motrices, sino algo aún más valioso: seguridad interna y resiliencia. Aprendió que equivocarse o caer forma parte del proceso, y que cuenta con una red adulta que confía en sus capacidades.
Repensar los mimos desde el respeto
Otro de los grandes dilemas cotidianos giró en torno a los brazos. Para los abuelos, tenerla en brazos era una forma de amar, proteger y disfrutar del vínculo. Para nosotras y nosotros, surgía la necesidad de equilibrar ese afecto con el derecho de la niña a moverse libremente, explorar el entorno y descubrir el mundo a ras de suelo.
La clave estuvo en el diálogo. Hablamos de “necesidades reales”: brazos cuando hay cansancio, tristeza, miedo, enfermedad o demanda explícita de consuelo; suelo cuando hay curiosidad, concentración y deseo de acción autónoma. No se trataba de negar el contacto, sino de ofrecerlo de forma consciente y respetuosa.
Lejos de enfriarse, el vínculo se transformó. Los mimos adoptaron nuevas formas: lecturas compartidas, cuentos de infancia, momentos tranquilos en la alfombra, manos que ayudan a cocinar o abrazos largos en el sofá. El afecto siguió intacto, pero ahora convivía con el respeto por la independencia emergente.
Educar también implica desaprender
Este proceso no estuvo exento de tensiones. Cambiar hábitos arraigados requiere humildad, paciencia y escucha. También implica reconocer que nadie educa “mejor” o “peor”, sino desde la historia, la experiencia y el amor disponible. En este camino, todas las personas adultas tuvimos que desaprender para volver a aprender: observar más, intervenir menos, confiar más.
La experiencia nos ha demostrado que el enfoque Montessori no es un conjunto de normas rígidas, sino una actitud vital basada en el respeto profundo hacia la infancia. Y cuando esa mirada se comparte entre generaciones, el impacto se multiplica.
Hoy vemos a una niña más segura, más autónoma y emocionalmente acompañada. Pero también vemos abuelos y abuelas que han ampliado su forma de entender la crianza, y personas adultas que han aprendido a educar en comunidad. Ese, quizá, sea el mayor logro.
Educar juntas y juntos no siempre es sencillo, pero cuando se hace desde el respeto, el diálogo y el amor consciente, el crecimiento es compartido. Y eso, en cualquier modelo educativo, no tiene precio.
BIBLIOGRAFÍA:
- Montessori, M. (2019). La mente absorbente del niño. Montessori-Pierson Publishing Company. (Trabajo original publicado en 1949).
- Montessori, M. (2020). El niño: el secreto de la infancia. Kairós. (Trabajo original publicado en 1936).
- Montessori, M. (2018). El descubrimiento del niño. Kairós. (Trabajo original publicado en 1948).
- Lillard, A. S. (2017). Montessori: The science behind the genius (3rd ed.). Oxford University Press.
- Journal of Montessori Research. (2014–2024). Journal of Montessori Research. University of Kansas. https://journals.ku.edu/jmr
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