Educando para la ciudadanía y acompañando durante el proceso de obtención nacionalidad española


Acompañar a personas extranjeras en el proceso de obtención de la nacionalidad española es, para mí, mucho más que preparar un examen. Es un trabajo profundamente educativo y humano. La nacionalidad no se reduce a un trámite administrativo ni a superar una prueba tipo test; implica comprender cómo funciona el país en el que se vive, conocer los derechos y deberes que se asumen y sentirse parte activa de una comunidad política y social. Por eso mi enfoque no se basa en la simple memorización de respuestas, sino en un proceso formativo integral que combina conocimiento jurídico, educación cívica, competencia lingüística y autonomía digital. 

Imagen generada con Gemini

El punto de partida es siempre el marco oficial establecido por el Instituto Cervantes, que gestiona la prueba CCSE (Conocimientos Constitucionales y Socioculturales de España) y, cuando procede, el examen DELE A2 o superior. La prueba CCSE se fundamenta en contenidos recogidos en el manual oficial y en la Constitución española de 1978, pero mi trabajo no consiste en que el alumnado aprenda de memoria que España es una monarquía parlamentaria o que el jefe del Estado es Felipe VI. Lo importante es que comprendan qué significa que España sea un Estado social y democrático de Derecho, cómo se organiza la separación de poderes, qué papel desempeñan el Congreso y el Senado, qué competencias corresponden al Estado y cuáles a las comunidades autónomas, y cómo se articula la participación ciudadana a través del voto.

En la práctica, las sesiones comienzan con una evaluación inicial para conocer el nivel real de comprensión lectora, la familiaridad con el sistema institucional español y la competencia digital. Cada persona llega con una historia distinta: hay quienes llevan muchos años residiendo en España pero nunca han profundizado en el funcionamiento de las instituciones; otras personas tienen formación universitaria pero encuentran dificultades en el lenguaje jurídico; algunas necesitan reforzar la comprensión oral para afrontar con seguridad el DELE A2. A partir de ese diagnóstico diseño un itinerario personalizado, estructurado según los bloques oficiales del examen, pero adaptado a las necesidades concretas de cada grupo o persona.

Cuando trabajamos el bloque de Gobierno y participación ciudadana no nos limitamos a repetir que el poder legislativo reside en las Cortes Generales o que el poder ejecutivo corresponde al Gobierno. Analizamos situaciones reales: cómo se aprueban las leyes, qué significa una moción de censura, por qué existen diferentes niveles de administración y qué implicaciones tiene vivir en un Estado descentralizado. Lo mismo ocurre con los derechos fundamentales: no se estudian como una lista abstracta, sino vinculados a la vida cotidiana. Hablamos del derecho a la educación, de la igualdad ante la ley, de la libertad religiosa o de expresión, pero también del deber de contribuir con impuestos o de respetar las normas democráticas. La idea es que comprendan que la nacionalidad implica asumir derechos y responsabilidades.

La parte de organización territorial y geografía suele resultar especialmente interesante, porque permite entender la diversidad lingüística y cultural del país. Aprendemos las comunidades autónomas, sus competencias, las principales ciudades y la pluralidad de lenguas cooficiales. Esto no solo prepara para responder correctamente en el examen, sino que ayuda a interpretar mejor la realidad cotidiana: por qué determinados servicios dependen de la comunidad autónoma, por qué existen policías autonómicas en algunos territorios o por qué la educación y la sanidad están gestionadas a nivel autonómico.

En la fase final realizamos simulacros reales de examen. Trabajamos estrategias para leer con atención, identificar distractores y gestionar el tiempo. Analizamos los errores frecuentes, especialmente aquellos relacionados con competencias administrativas o con la confusión entre instituciones. Esta parte técnica es importante, porque reduce la ansiedad y aumenta la seguridad el día de la prueba, pero nunca sustituye la comprensión previa. El objetivo es que la persona no solo apruebe, sino que entienda lo que está respondiendo.

En paralelo, cuando es necesario preparar el DELE A2, el trabajo se orienta a situaciones comunicativas reales: pedir una cita médica, mantener una conversación en el entorno laboral, escribir un correo sencillo o comprender un aviso administrativo. Se refuerza la expresión oral y la comprensión auditiva, pero siempre con un enfoque práctico y funcional. El idioma no se aprende solo para superar un examen, sino para desenvolverse con autonomía en la vida diaria. 

Imagen generada por ChatGPT


Un aspecto que considero fundamental es la competencia digital. Muchas personas extranjeras necesitan apoyo para realizar trámites electrónicos: solicitar cita previa, presentar documentación, consultar el estado de un expediente o utilizar el certificado digital. Dedico tiempo a enseñar estos procedimientos, porque la ciudadanía hoy también se ejerce en el entorno digital. La autonomía en la relación con la Administración refuerza la seguridad personal y evita situaciones de dependencia.

No menos importante es el acompañamiento emocional. El proceso de nacionalidad puede generar incertidumbre, especialmente cuando hay plazos largos o miedo a no superar la prueba. Intento que el aula sea un espacio de confianza, donde se normalicen los errores y se celebre cada avance. La preparación académica es necesaria, pero el apoyo humano marca la diferencia.

A lo largo de los años he comprobado que este enfoque integral no solo mejora la tasa de superación del examen, sino que fortalece la integración real. Quien obtiene la nacionalidad tras un proceso educativo consciente no solo adquiere un documento jurídico; adquiere también una comprensión más profunda del país en el que vive y una mayor capacidad para participar activamente en la vida democrática. Educar para la nacionalidad es, en definitiva, educar para la ciudadanía. Es ayudar a que cada persona se sienta parte de un proyecto común, con derechos, deberes y oportunidades compartidas.

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